Aparecer de pronto enmedio de una montaña
poblada de enormes bambús que con el
bamboleo del viento hacen música celestial,
es digno de ver, de admirar, y es una de esas
cosas bellas que te hacen mirar para arriba
sin tener que pedir nada...solo disfrutar.

Caminos que te llevan a soñar, a olvidarte por un instante de quién
eres, de lo poco que somos ante la naturaleza pura, caminos que te
llevan a comprender que podemos convivir con esa naturaleza
sin modificar la escencia.

Colores que despiertan tus sentidos y te llevan a
ser parte de una obra de arte, por momentos te
sientes dentro de alquel cuadro que la gente
mira en los museos, y se pregunta lo qué
estaría pasando por la mente de aquel artista
cuando lo plasmó en el lienzo.
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